Hablando con Laura Verdugo del Rey

Conociendo a nuestros artistas

Hablando con Laura Verdugo del Rey

Conociendo a nuestros artistas

Una charla con Laura

Verdugo del Rey, una guitarrista en nuestro Festival

La guitarrista Laura Verdugo del Rey forma parte de esa generación de intérpretes que entienden la música no solo como una disciplina artística, sino como una forma de pensamiento y de compromiso con el presente. Con una sólida trayectoria internacional como concertista, docente y gestora cultural, su perfil trasciende el escenario para adentrarse en la reflexión sobre el papel del arte, la educación y la creación de espacios culturales vivos.

Invitada al Festival Internacional Alborada Clásica, Laura Verdugo del Rey nos propone una mirada íntima y honesta sobre la guitarra, el oficio de músico y la relación entre interpretación y vida. En esta entrevista, la artista comparte no solo su visión musical, sino también sus inquietudes, aprendizajes y la manera en que la música dialoga con su forma de estar en el mundo.

Comenzaste a estudiar guitarra con solo ocho años. Cuando miras atrás, ¿qué recuerdas de aquella primera relación con el instrumento: juego, disciplina, curiosidad… o una mezcla de todo?

Fue una mezcla de juego con curiosidad, tenía bastante facilidad para aprenderme rápido las lecciones que me mandaba mi profesor y es por eso que no lo encontraba nada difícil.

Tu formación y tu carrera se han desarrollado entre distintos países y contextos culturales. ¿De qué manera ese recorrido ha influido en tu forma de entender la música y el mundo?

Me ha abierto más la mente a la hora de ver lo necesaria que es la música clásica para el ser humano, lo valorada que está fuera de España. A nivel formativo ha sido fundamental para mi carrera el poder formarme con los mejores profesores en entornos donde hay tanta riqueza de músicos, conciertos, etc…

Sonia De Munck interactuando con el público después de su actuación.

«Yo comunico a través de mi guitarra desde el alma…»

La guitarra es un instrumento íntimo, casi confesional. ¿Sientes que esa cercanía define también tu manera de comunicarte como persona?

Pienso que elegimos el instrumento inconscientemente por nuestra forma de ser, la manera de sonar o de tocarlo es muy personal. Yo comunico a través de mi guitarra desde el alma, cuento con música lo que siento, quiero decir, sueño o anhelo, y trato de que llegue al público. La guitarra es un instrumento muy delicado y sensible, así que te diría que sí, me define muy bien.

Después de tantos conciertos internacionales, ¿qué sigue siendo lo más vulnerable para ti cuando sales al escenario?

El transmitir todo lo que llevo dentro, es un acto único con el público, de llevarles en cada obra a donde yo quiero, el que sientan cada nota. Es algo tan especial que cada concierto es diferente y hasta que no estás en el escenario no lo puedes sentir ni controlar.

Has trabajado con compositores que han escrito obras especialmente para ti. ¿Qué responsabilidad —o libertad— supone interpretar una música tan ligada a tu identidad?

En primer lugar, es un honor para mí que compositores de la talla de David del Puerto, Juan Erena o Tomás Marco hayan compuesto obras para mí, solamente el hecho de que alguien que escribe una obra piense que la puedes interpretar acorde con lo que él quiere transmitir ya es un inmenso privilegio. Para mí, el interpretar este tipo de obras es liberador en el sentido de que son inéditas y puedo hacer mi propia versión sin ninguna influencia, nada más que la mía y la del compositor. Y a su vez, es una responsabilidad el hacerlo y presentarlas de la mejor manera al público y al compositor.

«…he podido desarrollar habilidades que ni siquiera sabía que las podía tener.»

Además de intérprete, eres gestora cultural y creadora de proyectos. ¿Qué te llevó a dar ese paso y qué has aprendido del “otro lado” de la música?

Después de estar viviendo en Holanda, me di cuenta que allí se valoraba más la música clásica y había mucha más oferta de conciertos, es por eso que decidí crear el Festival Internacional de Guitarra de Madrid, para crear conciertos en las principales salas de Madrid, y ayudar también a los jóvenes guitarristas con el concurso internacional y masterclass.

Recientemente he creado la International Music School, una escuela internacional de música donde apostamos por la enseñanza de calidad, con cursos certificados por Florida Universitaria, clases con los mejores profesores de diferentes instrumentos y asignaturas específicas, que bajo mi punto de vista son muy necesarias para la formación de un músico.

Me gusta poder aportar mi granito de arena en carencias que veo muy necesarias, tanto para los músicos como para la sociedad. Esta faceta me ha enseñado muchas cosas que como músico no se conocen, yo diría que he podido desarrollar habilidades que ni siquiera sabía que las podía tener.

¿Tienes otras aficiones culturales que hayan influido en tu manera de interpretar música?

Me gusta mucho pintar, me aporta concentración, imaginación y creatividad. Me relaja tanto que lo uso como si fuera una meditación, a la hora de tocar en público es muy necesario encontrar espacios para la concentración y quitar stress.

Guitarrista Laura Verdugo interpretando una pieza con guitarra clásica
Ricardo Llorca, compositor

En tu labor como docente, ¿qué consideras más importante transmitir a tus alumnos: una técnica sólida, una voz propia o una determinada actitud ante la vida?

No va una cosa sin la otra, lo primero es la técnica para que puedan encontrar una voz propia. Una vez que tienen una buena técnica consolidada, para mí lo más fundamental es que encuentren su propia versión en cada obra, sin copias, que busquen esa distinción. Es una faceta que me encanta trabajar con mis alumnos.

Vivimos en un mundo acelerado y a veces ruidoso. ¿Qué lugar crees que ocupa hoy la música clásica —y la guitarra en particular— en ese contexto?

Pienso que todavía falta mucho por hacer, pero que está mejor que hace unos años en cuanto a programación de música clásica. La guitarra clásica se está programando en las principales salas y eso es un logro muy importante, sobre todo porque en España se confunde todavía con la guitarra flamenca. En el festival estamos consiguiendo que se llene la sala de cámara del Auditorio Nacional con la guitarra, estamos muy contentos en ese aspecto.

 

Cuando eliges repertorio para un concierto, ¿piensas más en lo que quieres expresar tú o en el diálogo que se crea con el público?

Primero pienso en qué tipo de sala o festival es, y trato de programar acorde con el contexto. Luego me gusta programar siguiendo una línea de diálogo con el público, que tenga un sentido la programación.

¿Qué te gustaría que el público del Festival Internacional Alborada Clásica se llevase consigo después de escucharte en concierto?

Me encantaría que el público se llevase una profunda conexión emocional con la música que han escuchado, que lo recuerden gratamente llevándose una sensación de tranquilidad y felicidad, que perdure sobre todo en estos momentos de tanta rapidez.

¿Quieres añadir algo más?

Es un placer para mi estar en el Festival Internacional Alborada Clásica.