Hablando con Anna Cabrera Una noche en la ópera
Una charla con Anna Cabrera, una soprano en nuestro Festival
La soprano Anna Cabrera es una de las voces más sensibles y versátiles de su generación, reconocida por la elegancia de su interpretación y la profundidad expresiva con la que aborda cada repertorio. Su presencia en el Festival Internacional Alborada Clásica confirma el compromiso del festival con la excelencia artística y el diálogo entre tradición y actualidad. En esta entrevista, Cabrera comparte su visión de la música, su recorrido artístico y las emociones que la conectan con el escenario, ofreciendo una mirada cercana a su trabajo y a la experiencia de formar parte de Alborada Clásica.
Este recital toma algunas de las arias más emblemáticas de la ópera. ¿Qué emoción o historia personal te gustaría que el público descubriera a través de tu voz?
Me gustaría que el público descubriera la fragilidad y la fuerza que conviven en cada personaje. Para mí, cada aria es un instante suspendido donde una emoción muy humana —un miedo, un deseo, una duda— queda expuesta sin filtros. Si algo quisiera compartir es esa mezcla de vulnerabilidad y claridad que solo aparece cuando canto.
La ópera combina técnica, teatro y expresión emocional profunda. ¿Qué aspecto del canto lírico te sigue emocionando más tras todos estos años de carrera?
Lo que más me sigue emocionando es el intercambio de energía con el público. Esa vulnerabilidad voluntaria —abrirse por completo ante un auditorio lleno de desconocidos— crea una conexión muy particular. En esos momentos, la técnica y la emoción se equilibran, y la música se convierte en un espacio compartido donde puedo sentir cómo respira la sala.
Cuando no estás cantando o preparando repertorio, ¿qué actividades personales —lecturas, aficiones o reflexiones— influyen en tu forma de acercarte a los personajes que interpretas?
Tengo un círculo social muy diverso, y creo que mi entorno influye profundamente en mi manera de entender a los personajes de ópera. Al final, la ópera refleja la vida real en una forma ligeramente exagerada: los mismos impulsos, solo llevados a un extremo más visible. Además, mis aficiones son bastante contemplativas —como la jardinería y la práctica de yoga— y me ayudan a asimilar todo lo que recibo de la música y del mundo exterior. Son espacios donde las emociones se decantan y toman forma.
La ópera ha sido descrita como un arte total por su mezcla de música, palabra y drama. ¿Qué crees que puede aportar hoy la ópera a un público contemporáneo que la redescubre?
Creo que la ópera ofrece algo que hoy escasea: tiempo para sentir con profundidad. Es un arte que no teme a las grandes emociones ni a los conflictos humanos esenciales. En un mundo acelerado, la ópera invita a detenerse, escuchar y dejarse afectar. Por eso sigue siendo actual: habla de nosotros con una intensidad que pocas artes pueden igualar.
Si tuvieras que recomendar tres obras literarias que creas que conectan con el espíritu de este recital, ¿cuáles serían y por qué?
En este concierto interpreto arias de diferentes óperas, arias que hablan con las voces de grandes heroínas: Violetta, Julieta, Manon y muchas otras. Todas ellas ofrecen una mirada única al universo de la experiencia femenina. Voy a permitirme una pequeña trampa y recomendar una sola obra en tres tomos: la trilogía Kristin Lavransdatter de la escritora noruega Sigrid Undset. Es un ejemplo magnífico de una vida femenina narrada desde todas sus luces y sombras, con una profundidad emocional muy cercana al espíritu de este recital.




